¡Cómo los chorros del Squirt!
- AnnaAlfaBetta

- 27 ene 2020
- 8 Min. de lectura
Actualizado: 5 jun 2023
Una de las tareas pendientes de la educación, según mi criterio, es educarnos en el noble arte de gozar y hacer gozar de nuestros cuerpos.
Hace relativamente poco descubrí un palabro nuevo, el Squirting. Es algo así como ver la ciencia ficción en el porno a base de chorros de agua saliendo de las vaginas pornoStars. Algo que lo ves y no lo crees.
Squirt: dícese de aquel orgasmo femenino que mediante unas glándulas llamadas Skene es capaz de general chorros de líquido que son expulsados copiosamente por un orificio de la vagina.
Por lo visto, viendo tutoriales en el YouTube de la técnica masturbatoria, la estimulación para realizar dicha tarea del Squirt es diferente a la que podemos realizar para cualquier otro orgasmo. Que dicho así resulta más que obvio. Pero para mí, que era desconocedora de semejante reacción corporal, resulta una técnica más de ciencia ficción.
A mí ni en un millón de pruebas sexuales, ni que me toques del derecho o del revés, me va a salir tales chorros por la mismísima puerta del paraíso. No por nada, sino porque después de años y años y años de práctica, no he obtenido algo ni remotamente parecido. Lo justito y con ayuda de un lubricante para sentirme húmeda.
El squirt es otro tipo de orgasmo que se añade a la lista como el clitoriano, el vaginal, el anal, sensorial (como que te toquen algo que te gusta, tal vez unas tetas, una oreja y zas)… (¿hay más?, no me quiero dejar ninguno y seguro que alguien me hablará de otro revolucionario).
Visto los chorros que salen uno puede pensar que debe ser la Santa Madre de los Orgasmos. El Orgasmitrón de todos los tiempos. Algo tan espectacular que hace que tu cuerpo expulse el 80% de su líquido por un orificio dejándote a las puertas de la deshidratación (obviamente exagero). Algo que viendo porno parece el mayor de los orgasmos, aunque a saber qué pasa por las sensaciones de esas muchachas, que son muy buenas actrices y ponen caras de mega satisfacción aunque se introduzcan un cardo borriquero (con todos mis respetos a la industria pornográfica).
Pues aquí empieza mi relato:
Anna se sentía ociosa. Había visto ese nuevo aparato del que tanto se habla por todas partes a susurros o sacando pecho. El “satisfyer” que está marcando tendencia, revolución y hasta una religión centrada en su figura.
Curiosa por la experiencia abre internet y les pide a los señores majos de oriente uno exclusivo para ella. La espera son unos veinte días hasta que el cartero llama dos veces. <<Paqueeeete>> dice. Abre puertas. Sube portador de embalajes. Firma y cierra. -Ujuuuum, esta es una hora tan buena como otra cualquiera para probar este trasto que algunos reprimidos llaman Satán- piensa.
Poco ritual le sigue: una cama, un desnudo mañanero, una apertura de piernas y el chupóptero atacando la pepitilla.
Expectante y curiosa intenta ponérselo difícil. - Si para una masturbación “normal” necesita de ciertos movimientos, ciertas estimulaciones, vamos a dejar al chismito quietecito ahí mismo a ver que pasa. A ver si es tan bueno como dicen- cavila.
Tiene diversas velocidades, pero Anna ha decidido que sólo le va a valer una: “la súper a tope”. Dice para sí: -para qué narices se rompen la cabeza para hacer velocidades si con una, la superior, basta,… ¿no es cierto?-
El chismito empieza a hacer su magia. Una magia insoportable. Nooooo. Son cosquillas pero de las malas. De las de no se aguanta esta mierda pegada aquí hasta el final.
Turbada por la cantidad de cosquillas cada tanto tiene que despegarse el chismito que golpetea al máximo la zona más sensible jamás concebida. Su primera experiencia no está siento tan a pedir de boca como hubiera esperado, en plan nubes de algodón con clímax místico. Se debate entre no poder aguantar y poner el aparato a la fuerza pegado a su piel. Entre esfuerzo y esfuerzo siente unas ganas que denominaría… ¿mear? -Ummm, qué raro, si no me apetece, … lo hice antes de ponerme para no estropear el momento en absoluto- Casi avergonzada por casi mearse encima ha quitado el succionador y se ha relajado un poco para evitar precisamente ese escape indeseable.
Después de un poquito, vuelve a la acción. Un, dos, tres, cosquilla, sumisión, pin, plas, orgasmo borrás. Anna queda complacida. Tiempo récord: unos 5 min para un orgasmo, y sin apenas estimulación.
Complacida pero no gozosa. El orgasmo ha sido light level. El más light jamás contado en la escala “C” (de clímax) de su historia sexual. Meditabunda decide que es producto de la inexperiencia. -Más adelante conseguiré cogerle el punto-
Cualquier otro día, a cualquier otra hora buena decide darle un segundo repaso a su amiguito el Dios entre todos los Dioses (nombrado así por la legión de fans que va adquiriendo). Vuelta a la posición tranquila de la que salió del otro orgasmo, prueba de nuevo la misma técnica, con la misma intensidad.
Nada, aquello sigue siendo un infierno de cosquillas que obligan a Anna a quitarse a cada poco el chupón del chupete. Aun así, sigue obligándose a mantenerlo el máximo posible. Súbito llega la sensación de mearse y súbito empieza a salir líquido. Para de inmediato cortando el asunto. -¡Mierda! ¿Me habré meado? ¿Será el Squirt? - Corta clímax, corre a por una toalla para paliar el desaguisado. Poco después sigue con la tarea. Un minuto menos que la última vez y zas, orgasmo servido. Otro light.
Anna medita sobre la diferencia entre los orgasmos que conoce: el clito-vaginal o clitorial: muy estimulante. Cuando los planetas se alinean es el orgasmo más intenso de todos. De esos que te dejan vibrando por minutos sintiendo el corazón en el coño a cada latido. El anal: que se disfruta desde otro punto de la anatomía y compensa o complementa, en el caso de Anna, el vaginal. Aunque poco explorado, de un poco menor de intensidad, pero digamos que amplia la zona de acción, lo que compensa la explosión de menor envergadura.
Y ahora el orgasmo menor, dado por la máquina venerada por tantas. -Pues no es para tanto. Es como un orgasmo artificial. El Satisfyer te da el orgasmo sí o sí, pero envasado en la superficialidad, con lo que no estimula todo tu organismo y se siente “de plástico” (poco intenso)- concluye Anna. -Tendré que seguir practicando-.
Anna decide contar sus pesquisas a más personas. Una de las cuales, hablando justamente de ese momento incómodo entre a saber qué será, si pis o squirt, le comenta que justo es así como se siente el squirt. <<Sólo tienes que dejarte ir y todo lo que sale es squirt>>. -Ummmm… interesante- piensa Anna. Habrá que probar de nuevo.
Dicho y hecho. Otro día, en otra hora adecuada como otra cualquiera, toalla en culo, esta vez preparada para la desbordación, vuelve a atacar. Misma intensidad, misma postura. (Una de las cosas que caracterizan a Anna es que es terca como una mula, lo de probar diferentes intensidades es para pazguatos).
Rápido, rápido, intenso, cosquillas, …. Aaaaaay están: las ganas de mear. Esta vez estoy preparada. Empieza a salir el agüilla como una fuentecilla que va empapando sus posaderas y Anna decide que al fin y al cabo no está tan preparada como esperaba. Una cosa es un poco de líquido y otra un vaso derramado calando toalla, manta, sábanas y colchón. De nuevo corta el asunto y lleva la toalla empapada al cesto de la colada. Mientras con otra toalla seca el desastre que, aunque previsible, desproporcionado le ha quedado.
Al final termina el trabajillo y vuelta al orgasmo light. Baja intensidad para lo que debería ser el mejor orgasmo de su vida. -Sólo ha sido la tercera vez, habrá que practicar más-
Anna sigue mosqueada por no saber de dónde sale tanta agua. – Tal vez sí me esté meando, … ¿qué sé yo? Me dan ganas de mear, me dejo ir, y yo a mí misma no me veo el orificio por donde sale. Es demasiado para lo que soy yo, que cuando me corro tal vez haya alguna gotita, poco más; y tampoco es que sienta un orgasmo cada vez que me sale ese líquido. Sale con las ganas de mear y con el gustirrinín de cuando te meas mucho y por fin lo haces y listo- piensa. – Con lo cual… ¿quién no me dice a mí que realmente tengo incontinencia? -
Algo preocupada por ese pensamiento, otro día, en otra hora tan buena como cualquier otra, en otra semana siguiente, prueba de nuevo sensaciones. Esta vez añade un consolador pequeñito, estilo bala que no cubre más que la palma de la mano para estimular al mismo tiempo dentro de la vagina mientras el succionador hace su trabajo.
Mismo hacer, mismos resultados: en poquísimo tiempo llegan las ganas de mear, se deja ir un poco mientras tiene el consolador introducido en la vagina y el succionador en el clítoris. -¡¡¡Hago squirt!!!. Sí es squirt- Después de pensar que jamás podría hacer esa técnica, como una gran revelación, con una edad madura, descubre que su cuerpo tiene más capacidades de las que se esperaba. Sí es posible. Aunque se creyera “seca” se puede tener un “aluvión” de sensaciones. Nadie está exento de hacer squirt. - ¡Si yo puedo, todas (o casi todas, que cada una será un mundo), pueden! -
Dicho lo cual Anna se termina, que mucho agua pero pocos fuegos artificiales. Vuelta al orgasmo de plástico.
Después de unas cuantas prácticas (no muchas, pero ya algunas) Anna llega a las primeras conclusiones: el succionador te provoca squirt como nadie te lo hizo jamás y el aparatito sirve como complemento para el sexo, porque orgasmos con tan baja intensidad son desesperados, pero no placenteros.
Otro día, en otra buena hora, toalla doble bajo el culete, vuelta la burra al trigo. Anna va sintiendo que con la doble estimulación el orgasmo con el succionador se incrementa. Mejora.
Otro día, otra hora, añadiendo compañero de fatigas, Anna decide probar jugando entre penetración y succionador y deja confirmada la sospecha de que, para sentir un placer total, toda la zona tiene que estar estimulada. El succionador se convierte así en otro juguete más que añadir a sus juegos. Un amigo que en esos momentos en los que, por lo que sea, buscas el orgasmo pero por más que insistes se resiste a salir; en ese momento un succionador a tiempo y plis plas, orgasmo borrás. Y vaya vaya. Orgasmo de los buenos también. Nada de orgasmos de plástico.
Otro día, otra hora tan buena como otra cualquiera, Anna prueba de nuevo su adquisición que ya no va siendo tan nueva. Esta vez masturbando y preparando bien la zona, antes y durante.
No te lo vas a creer, pero Anna ha decidido que tal vez las velocidades sirvan para algo, como disminuir el cosquilleo y de todas formas sentir placer. Y se convierte en otra pazguata más de la vida, probando el uno, dos, tres… Jugando con las velocidades y con sus sensaciones. Apaciguando un poco más esas cosquillas, consigue llegar a un equilibrio de compromiso entre gusto y desazón sin dejar que se convierta en algo tan desagradable que tengas que apartar el succionador de la intensidad que te da. Está empezando a coger ritmo. Por fin ha llegado a experimentar su primer orgasmo más intenso con el succionador, el cual hasta el momento (menos la experiencia acompañada) sólo le hacía llegar a orgasmos más light.
Llegado este momento, Anna ha descubierto que, aunque leyendo por internet acerca del squirt como otro orgasmo femenino, ella no lo llegaría a considerar como tal. -Es una reacción corporal a un estímulo concreto de unas glándulas que a saber dónde se escondían hasta estos días, que simplemente expulsan líquido con la sensación de que te meas pero no lo siento ni remotamente como orgasmo propiamente dicho. Es más, después de esta experiencia, sigues con la masturbación y llegas al orgasmo real, “seco” e intenso que estabas buscando-
Sea como fuere, Anna está convencida de que llegará otro día, en otra hora tan buena como otra cualquiera, para seguir investigando.







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