Sexo para todos, ¡¡no gracias!!
- AnnaAlfaBetta

- 2 nov 2019
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 5 jun 2023
Un mal endémico que existe en nuestra sociedad es la de los depredadores sexuales. Personas yonkis de relaciones de contacto cual fast food servida en 5 min y vacía por dentro. Comemos amor, ansiedad, contacto, conexiones irreales, fantasiosas, … ese placer de me tocan y lleno mi espíritu de la adrenalina de ser gustado a cualquier precio. Decir sí cuando es no, por intentar absorber el alma del opuesto, para intentar rellenar la nuestra de algo completo que hemos perdido por el camino.
Buscamos en otras personas esa fuerza que nos falta a nosotros mismos. Ese carácter. El saber ser gustados porque no hemos aprendido a gustarnos a nosotros mismos.
Comemos indiscriminadamente de la boca de la tentación, del deseo, del placer adrenalínico de una relación falsa y ficticia, que dura lo que dura una bolsa de pipas. Y después de eso buscamos más.
Yo me incluyo en este amplio mar de depredadores sexuales. Porque sí, tristemente soy una pieza más de este sistema que no nos ha enseñado el cuidado personal. La introspección. Donde todo es consumismo, hasta nosotros mismos; hasta nuestras relaciones. No tenemos las herramientas para saber ser personas. No tenemos capacidad de gestión de sentimientos. Unos sentimientos tan importantes como saber quienes somos independientemente de las relaciones que tengamos. Seres independientes y completos que se pueden abrir al resto del mundo.
Sin embargo estamos vacíos, lanzados al mercado interrelacional para que nos rellenen de lo que estamos faltos, sin darnos cuenta que nosotros no somos lo que los demás quieren de nosotros, sino lo que nosotros queremos de nosotros mismos y después proyectamos a los demás en un ensayo de prueba y error donde nos moldeamos.
Sí, yo también he aprendido, y estoy aprendiendo a las malas a rellenar mi ser. He tenido multitud de relaciones desechables de las que me he alimentado por periodos muy cortos; porque cuando buscas sin estar sintonizado no filtras tan bien ese número de personas inconsistentes que llenan tu cementerio del amores fracasados.
También he de decirte que, aunque sin dejar de lado la depredación como método de experimentación y sabiduría “objetivas” sobre contacto sentimental-sexual, el conocimiento sobre uno mismo, la búsqueda de tu propia felicidad sin que dependa de tu pareja; ese bagaje vacío de depredación que sobre todo me ha servido para saber lo que no quiero (muchas veces), me han hecho conocerme a mi misma. Ser más fuerte. Tener claro qué quiero, aunque sea susceptible a cambios y/o evoluciones. Saber decir no. Saber decir sí. Cometer errores pero dándote cuenta más rápido dónde e intentar no volver a cometerlos (cosa que a mí me cuesta horrores, porque me gusta tropezarme con la misma puñetera piedra en el camino una y otra vez a lo camicace).
Todo ese conocimiento sobre quién soy y cómo me relaciono con los demás me están haciendo florecer, y por ese orden. Estoy marcando las bases de quien soy, siendo más consciente de lo que me gusta y pidiéndolo (con respeto). En consecuencia hay un porcentaje de relaciones que depredo que son dignas de saborear lentamente como el mejor de los guisos. Algo ya más dirigido hacia el conocimiento de las personas y no tanto en el terreno físico. A pesar de empezar con la física de la atracción de cuerpos, primeros contactos al besar y la conexión sexual correcta entre los cuerpos que luego relleno con el carisma de la persona que tengo en frente.
Como todo mal vicio es difícil dejar unas costumbres para empezar con otras. Dejar de consumir relaciones fast food insustanciales por relaciones con algo más de conexión para luego descubrir a la persona y catalogarla.
Aun así suena todo bastante aséptico, medido y poco “amoroso”. El ideal podría ser conocer a la persona, enamorarse, tener esa conexión y luego pasar al terreno más físico. ¿Por quéeeeeee? ¿Quién cojones te ha dicho que esto es lo correcto?
Puedes decirme que es más ético, sí. Más espiritual. Más yo que sé que qué se yo. Pero en el amor como en la vida no hay un manual de instrucciones que te digan lo que es correcto y lo que no. Lo único que sé es que hablándolo todo desde el respeto, comunicando tus deseos abiertamente y poniendo tus límites, da igual como lo hagas, como te relaciones, que lo estarás haciendo bien.
Evidentemente seguirás teniendo errores, desencuentros, frustraciones, y bla bla bla mal mal mal. Pero estarás conectando realmente con las personas y no con su envoltorio.
De esta manera yo descubro, preguntando y preguntando, quién es más un depredador vacío con ganas de llenar su autoestima efímera, a una persona más “completa” que busca relacionarse con las personas de una manera más saludable y con las ideas más claras (aunque luego esas ideas no lleguen a gustarme, de ahí la magia de conocer a las personas).
Es verdad que ahora cuando encuentro a un depredador vacío que intenta llenar su ego con una relación idílica me cuesta menos identificarlo y más o menos desecharlo (mis piedras). Pero cuando encuentras a personas que tienen las cosas más claras, que no buscan saber quién son por mediación del consumo de sexo y el gustar, la experiencia se multiplica por mil.
La forma correcta de hacer las cosas es la que a ti te haga sentir mejor, respetando y siendo respetado. Cada uno tiene una forma correcta de relacionarse. Cada uno tiene un libro de instrucciones de formas de hacer correctas. Pero ante todo, nadie debería decirte que lo “normal” es como lo pienso yo y punto pelota.
Esos depredadores vacíos están llenos de clichés, en vez de pruebas y errores. Esa gente es la típica que te dice que según los cánones de la sociedad una relación debería seguir un único camino y salirse de ahí es una aberración. Esa gente tiene relaciones desestructuradas y que les hacen infelices porque están siguiendo un camino que no es su camino.
Hay personas que tienen una relación seria con la primera que se besaron y no se preocuparon luego en conocer a la persona que tienen delante. Sólo quieren decir: tengo novia/o, porque así me siento más conectado con el mundo, con la sociedad que no va a pensar que soy un fracasado sin relaciones. Un friki solitario. Un desecho de la sociedad vacío y sin sentido. Y teniendo una relación vacía es precisamente lo que son: un despojo humano que va dando lecciones moralistas de la corrección y que luego seguramente esté insatisfecho consigo mismo por no tener una relación 10, llegando incluso a poner los cuernos por el éxtasis de la adrenalina que da las conexiones que necesita llenar como producto de ser un desecho personal. Porque están vacíos. Porque su relación está vacía y sin conexión. Porque su ego se llena de la adrenalina de los contactos de ser gustado porque no se gusta a sí mismo.
Por eso el sexo no está hecho para todo el mundo. Porque tener un contacto íntimo para intentar llenar nuestros egos con esa adrenalina no es sexo, es basura emocional tumoral.
Sexo es hacer lo que quieres, como quieres, como te gusta, con respeto y respetando. Conociendo o sin conocer a esa persona. Cuando lo que haces en el sexo se desvía de tus necesidades, gustos o deseos se convierte en un puto desastre emocional nocivo que enfanga tu alma y te vacía.
No hemos sido educados para saber lo que queremos, pedirlo con respeto y respetar los deseos del opuesto. Porque “lo normal” es lo que marcan otros y si hay que chupársela a un tío para llenar su ego porque “lo normal” pasa por ese punto, pues se hace de tripas corazón.
Pues joder, ¡no!. Chupemos pollas por el gusto de chuparlas, sin que se nos pida (o si se pide que sea con respeto), para dar placer y recibir de ello el placer de estar suministrando placer. (Y hablo de chupar pollas como puedo hablar de cualquier otro acto íntimo).
Cuando la otra persona te respeta y respetas, cualquier experiencia tiene más sentido e incluso llegas a aprender más de ti mismo. Ese tipo de relaciones prueba y error son las que te llenan de verdad. Las que te hacen más libre. Las que puedes dar más sin connotaciones sexistas, sin límites sociales, sin clichés: sin diferenciar “lo clásico” de la “aberración”, solo disfrutar.
Sólo siendo libre, dando libertad, dando seguridad, respeto, confianza, se minimiza los daños emocionales y se gestionan mejor los sentimientos.






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